taller de lectura
PRESENTACIÓN
¿Qué pasaría si un día el lector se cansa de consumir pasivamente literatura y, a partir de un texto ajeno, se pone a crear sus propias formas? ¿Una lectora no puede inspirarse y desarrollar un estilo personal de interpretación en aras de analizar creativamente un texto? ¿Leer podría llegar a ser una actividad artística? ¿En qué podría convertirse un cuaderno de apuntes de lectura?
Nunca ha habido un mejor momento para ser un lector, pero también nunca ha habido un momento más confuso y desalentador en esta era de la información superabundante: hay menos tiempo y más opciones, hay menos enfoque y más distracciones. Leer literatura (ya no digamos leer literariamente) es bastante difícil hoy: no el acto en sí, desde luego, sino la búsqueda del acto. Porque siempre hay algo más que leer o hacer: algo más fácil, algo más importante, algo que nos hace sentir mejor —o peor.
Pero nada de eso cambia el hecho de que todos somos extraordinarios lectores en potencia.
De allí que este taller sea una invitación para aproximarnos a algunas de las muchas maneras en las que una persona, a través de un orden específico de palabras, conecta consigo misma, con lo que encuentra en la imaginación del autor y en la imaginación de otros lectores. Inspirándonos en Proust, trataremos al texto literario como un instrumento óptico que alguien más nos proporcionó para permitirnos discernir lo que, sin ese texto, no hubiéramos podido ver por nosotros mismos, pero sobre todo lo trataremos como una máquina de incitaciones conceptuales y didácticas, de cara a sembrar y cosechar apuntes de lectura en un cuaderno: un espacio para reiterar, expandir, transformar o distorsionar los significados, un laboratorio portátil para realizar estimulantes ejercicios de asociación interpretativa, un dispositivo para torcer el diálogo, cuestionar supersticiones literarias y leer transversalmente para ver qué hay delante y detrás de las palabras.
TEMAS
Su texto y mi cuaderno: instrucciones de uso
Las cuatro aproximaciones: formal-obra, expresiva-artista, mimética-mundo y lúdica-lector
La poiesis y aisthesis en la encrucijada
La lectura como un ejercicio de estilo
Yo soy el lugar donde el texto se encarna
Sus intenciones, nuestras referencias y mis significados
La lectura como un pequeño tejido cicatricial
El lenguaje y la trama del texto + el lenguaje y la trama del lector
Lectores prosaicos, lectores poéticos y otros tipos
Vernos y ver nuestra época desde el espejo de una obra ajena y distante
MECANISMO
Todos los textos serán proporcionados por El Pantógrafo. El profesor se conectará a través de videollamada una vez por semana con cada participante de manera individual en un día y a una hora previamente pactados. La duración estimada de cada sesión del taller es de una hora. Durante esa sesión el profesor expondrá el contenido teórico-práctico, discutirá con el alumno su cuaderno de apuntes y le propondrá un ejercicio de interacción lector-texto, lector-autor o lector-lector. Asimismo, cada participante contará con su propio espacio en la nube de la escuela, donde dispondrá de materiales complementarios y otros recursos, a la cual podrá subir versiones digitalizadas de su cuaderno y donde podrá dialogar con sus compañeros/as de curso.
2026
LOLITA · NABOKOV
FEBRERO · MARZO
Cuando el arte no es pedagogía, sino precisión extrema
Bueno, estamos ante un problema moral. La historia de la obsesión erótica de un hombre de mediana edad por una adolescente. Su creador, Vladimir Nabokov, tomó el mayor de nuestros tabúes y lo transformó en algo parecido a una historia de amor. Pero incluso hoy nadie está del todo seguro de cuáles eran sus intenciones. ¿Era una fábula moral o la fantasía de un viejo verde? Lo cierto es que Lolita, publicada en 1955, cuenta la historia de Humbert Humbert, un emigrado europeo que se obsesiona con la hija adolescente de su casera estadounidense.
—Ah, ese libro pervertido del tipo ese, ¿no había algo raro en él?
Es complicado llevar este libro en público, o leerle fragmentos a gente, ¡ya no te digo incluso que te vean leyéndolo en silencio! Es una obra que incomoda. Y eso es una locura, cincuenta años después de que Lolita apareciera por primera vez.
Empecemos con Vladimir.
Como Humbert Humbert, el antihéroe de Lolita, Nabokov fue una figura enigmática, difícil de clasificar o definir. Nació en la aristocracia rusa en 1899 (en una de las familias más ricas y poderosas del San Petersburgo prerrevolucionario, en una casa con cincuenta sirvientes), huyó de su patria durante la Revolución bolchevique y luego fue expulsado de Europa por los nazis hacia Estados Unidos. Pero fue a orillas del lago Lemán, en Suiza, donde Nabokov llegó, a los 62 años, enriquecido por los beneficios de Lolita, para llevar la vida de un expatriado recluido. Desde 1961 hasta su muerte, Nabokov vivió en el Hotel Palace de Montreux, protegido del mundo exterior por un séquito de empleados del hotel. Como sus libros, Nabokov no era fácil de descifrar. Podía parecer distante y altivo. Le gustaba recibir gente allí, pero, por otro lado, ¿qué tipo de persona vive en un hotel?
—¿Por qué vive usted en hoteles?
—Simplifica los asuntos postales, elimina la molestia de la propiedad privada y me confirma en mi hábito favorito: el hábito de la libertad.
Nabokov no estaba solo. Vivía con su esposa, Vera. Eran intensamente reservados, solo abrían ocasionalmente la puerta para dejarse filmar en sesiones fotográficas preparadas. Vera era mucho más que la esposa de Nabokov: fue una colaboradora estrecha, editando y mecanografiando sus manuscritos.
—¿Por qué escribió Lolita?
—¿Por qué escribí Lolita? ¿Por qué escribí cualquiera de mis libros? Por el placer. Por la dificultad. No tengo un propósito social, ni un mensaje moral. No soy un mensajero. No tengo ideas generales que explotar. Me gusta componer acertijos y encontrar soluciones elegantes a las reglas que yo mismo he creado.
Tan importante para Nabokov como la escritura era la caza de mariposas. Pasaba horas recorriendo las montañas en busca de esas bellezas aladas.
—El mayor placer es estar entre mariposas raras y sus plantas alimenticias, porque eso despierta una sensación de unidad con el sol y la piedra.
—¿Hay alguna relación con su escritura?
—Sí, de forma general. Creo que en toda obra de arte hay una fusión entre la precisión de la poesía y la emoción de la ciencia pura.
Nunca quiso volver a Rusia: decía que no había nada que ver, que los nuevos edificios y las viejas iglesias no le interesaban, que los hoteles eran terribles y que no quería estropear las imágenes de su infancia.
Ahora sí: la novela.
Dejémoslo claro: Lolita no trata sobre el amor, porque el amor siempre es mutuo. Lolita trata sobre la obsesión, que nunca, jamás, es amor, y el propio Nabokov estaba muy decepcionado de que la gente no entendiera esto... Porque, ¿cómo podría alguien llamar a este frenesí alimenticio de egoísmo, devoración y destrucción “amor”? Lolita trata sobre la obsesión y el apetito narcisista, la misoginia y el rechazo desdeñoso, no sólo de las mujeres, sino de la humanidad misma. Y, sin embargo, también trata sobre el amor; si no fuera así, el libro no sería tan deslumbrantemente hermoso.
La pureza del sentimiento debe vivir y respirar en los jardines impuros de nuestros corazones confusos, comprometidos, corruptos y rotos. El amor en sí mismo no es egoísta, devorador ni cruel, pero en los seres humanos sufre una coexistencia terrible con esas cualidades. Quizá en la mayoría de las personas, esta contradicción nunca adoptará la forma florida que toma en Humbert Humbert. Pero esas combinaciones imposibles, infernales, están presentes en todos nosotros, y lo sabemos. Que Lolita represente esta condición humana de un modo tan extremo, tan veraz y tan convincente, es la cualidad más perturbadora del libro que tenemos entre manos. Es la razón por la que nunca será olvidado. También es la razón por la que nadie logrará jamás describirlo cabalmente. Pero qué maravilloso que tantos lo hayan intentado. Como lo haremos nosotros durante febrero y marzo, queridas y queridos lectores de El Pantógrafo.
TEMARIO
· La belleza como coartada del mal: ¿qué ocurre cuando algo moralmente monstruoso es narrado con una belleza verbal deslumbrante?
· La mentira del narrador y la complicidad del lector: obra maestra de ventriloquia moral.
· La colisión entre deseo privado y ley moral: ¿cómo conviven en un mismo ser humano la capacidad de amar, de crear belleza y de destruir?
· ¿Por qué la novela era el único vehículo posible? Una experiencia ética prolongada en la que el lector no puede esconderse.
· El lector éticamente incómodo.
· El lector estético sin coartadas.
· El lector que se deja herir.
· ¿Qué sucede cuando el lenguaje se pone al servicio del deseo?
PRECIO
80€/mes. Para los nuevos alumnos de El Pantógrafo la primera sesión del taller funciona como una clase de prueba, tras la cual podrán abonar la mensualidad sólo si deciden continuar con el curso.