creación literaria & soluciones textuales
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DERIVAS

apuntes y confluencias

 

El mundo real (sensible) es percibido: se acepta como es. El mundo textual (legible, escribible) es imaginado: se acepta como podría ser. El mundo textual es un modelo del mundo real. Escribir es hacer maquetas con palabras. Leer es habitarlas.


crear: 
a) escribir una frase injustificable (o en apariencia injustificable) y luego continuar escribiendo para poder justificarla hasta que adquiera, de repente (tras unas pocas frases más o tras quién sabe cuántas páginas), una forma satisfactoria
b) rellenar los espacios vacíos entre una extrañeza real y una explicación imaginaria con unas cuantas palabras hasta que se forme un texto vibrante
c) empapar paisajes silenciosos con el grito de una mirada

Roland Barthes: «Flaubert no escribió una novela, simplemente conectó una frase tras otra. El eros entre líneas, esa es la esencia de la novela de Flaubert».


«Manifiesto», de Manuel Iris: Nosotros, / los que escribimos luego de Shakespeare o de Dante, / los que nacimos después de Garcilaso o Catulo / saludamos al olvido mirándolo a los ojos. // Los que llegamos al mundo / cuando todo estaba dicho / no pensamos en la historia. // Los condenados a repetir, / los que sabemos de entrada / que no podremos decir algo mejor / ni tampoco algo nuevo, / los que nacimos literariamente desahuciados / no debemos callarnos: // tenemos que agregar / una flama a la lumbre, / la escritura al silencio. // Los prescindibles / sabemos que todo es una sombra / que nada lo es / que siempre es / necesario hablar / de lo que pasa // y es por ello que antes de extinguirnos / repetidamente tras el punto final / dejamos testimonio.


(estamos rodeados de misterios; pero a veces los misterios meten la pata y revelan algo, revelan capas de sentido en las que no habíamos reparado hasta encontrarnos cara a cara con una imagen luminosa; y si uno está, por azar, en el momento y en el lugar exactos de esa revelación, tiene que transmitirla: para preservar su belleza, no para explotarla con una abundancia verbal innecesaria)


¿En qué momento una persona que escribe pasa a ser un escritor o una escritora? ¿A partir de cuándo uno es un escritor? ¿Cuando publica? ¿Hay escritores inéditos? ¿Hay libros que se publican que no fueron escritos por un escritor? ¿Sólo en el momento en que alguien publica tras muchos años de haber escrito muchos libros es cuando es un escritor? ¿Alguien que trabaja sus textos a conciencia —los corrige, los reescribe, los descarta y los vuelve a corregir hasta quedar de algún modo satisfecho con eso que construye— es un escritor? ¿Cuál es la diferencia entre alguien que escribe de vez en cuando y un escritor? ¿Cuál es la diferencia entre un aficionado y un profesional si sus creaciones son igual de buenas? ¿Si alguien escribe un texto de calidad pero no está interesado en publicarlo es un escritor? ¿Todos los textos que se publican son automáticamente de calidad y eso convierte a sus autores automáticamente en escritores? ¿Si un escritor ya publicado deja de escribir deja de ser un escritor? ¿Si los libros de un escritor se esfuman en el olvido éste deja de ser un escritor?


Imitar: recrear el mundo en el que se vive; pero elegir lo más interesante hasta crear un mundo propio. 


preocuparse por algo que no existe / la suspensión de la incredulidad: asumir con la imaginación, momentáneamente, la creencia de que algo es real / colocarse en una historia transparentemente, perder la identidad o —mejor— fundir el yo en unos acontecimientos ajenos que, compasión mediante, serán propios


Marcel Proust: «Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles».


contiene samples de / porciones de / elementos de / material de / interpolaciones de / claro: nadie trabaja en el vacío / todos tienen un vasto mundo de referencias / referencias: fuerzas en disponibilidad / sembrar un bosque familiar y amistoso de citas


Giselle Aronson: «Yo me enuncio y me anuncio escritora por la sencilla e incuestionable razón de que me rompo el alma en la escritura y, después, la escritura vuelve a armármela».


Interés cero por el glamour de ser escritor o escritora ni por trepar los escalones de la industria cultural (la literatura no es competencia sino cooperación, y nada de lo que se haga en su terreno debería hacerse por prestigio, estatus o aprobación).


Escritura: práctica inacabable, precaria y transitoria; manía de anotar lo que se ve (dentro, fuera); extraña manera de estar en el mundo aislándose del mundo con la imaginación; indagación, devenir, proceso; una forma de hacer acopio de determinación para acometer algo que no se sabe qué es hasta que se consigue; materialización simbólica de algo que no se comprende del todo. 


Con qué seguridad decimos el nombre exacto de un color cuando sólo se trata de un conglomerado de colores que no alcanzamos a ver. 


Una voz:
—No soy un artista. Siempre me distraigo con tonterías. Pierdo mucho tiempo en vez de ser una persona constructiva. Quisiera tener una poderosa fuerza de voluntad que me permitiera ser más productivo. Además no tengo tiempo ni dinero para hacer lo que quiero. Mucho menos tengo talento, ética, creatividad, constancia. No soy el más adecuado para este oficio. A nadie le importa lo que hago. Algunos han visto mi trabajo y no les gusta. A otros les gusta, pero lo olvidan rápido. Creo que lo que hago es aburrido, cursi, innecesariamente complejo, pretencioso, poco original, demasiado obvio, incluso superficial. Acaso ya hice con todas mis habilidades lo mejor que puedo hacer, y no es para nada extraordinario. Me resulta más fácil leer lo que los verdaderos artistas han hecho. Porque evidentemente nunca seré tan bueno como los grandes. Me resulta más fácil dejar encerradas mis ideas en mi cabeza, a salvo de los errores. Lo peor es que ni siquiera sé realmente qué es lo que quiero hacer. No soy un artista. 


Las historias son zapatos ajenos: instrumentos para cambiar momentáneamente el punto de vista en el que estamos atrapados (esa cosa incierta que llamamos Yo); máquinas de fabricación de cultura (y barbarie): la mayoría de las cosas que sabemos las sabemos por ficciones y no por hechos (lo mismo pasa con muchas de las cosas en las que creemos), porque las historias siempre han sido los vehículos (permanentemente revisadas y reescritas por quienes tienen el poder) más apropiados para todas las ideas sobre la vida y sobre el mundo. Por todas partes: gente que asimila un relato (sigue un camino que alguien más trazó y convirtió en La Realidad, alguien que supo hacer pasar por verdad su propio interés) y gente que lo rechaza para crear otro. No hay nada real: sólo hay cosas cargadas de sentido, realidades construidas a partir de ideas. 


¿qué merece contarse? / nada nunca empieza ni termina, todo sigue / usar las palabras para ocuparse de la realidad con fines imitativos / transcripción de lo sensible / la estructura de la vida humana / partición del devenir en pequeños fragmentos / el material de la vida, heterogéneo, sin seleccionar / formación-deformación de la realidad / Erich Auerbach y la representación de la realidad en Occidente: a) Homero (embelesar): descripción perfiladora, iluminación uniforme, ligazón sin lagunas, parlamento desembarazado, primeros planos, univocidad, limitación en cuanto al desarrollo histórico y a lo humanamente problemático, personajes elevados, realidad idealizada; b) Biblia (dominar): realce de unas partes y oscurecimiento de otras, falta de conexión, efecto sugestivo de lo tácito, trasfondo, pluralidad de sentidos y necesidad de interpretación, pretensión de universalidad histórica, desarrollo de la representación del devenir histórico y ahondamiento en lo problemático, personajes bajos, vida cotidiana


Palabras: la piel de nuestro cuerpo invisible.


¿Cómo madura una obra? Nadie sabe: es un proceso misterioso e imperceptible. Continúa con independencia de nuestra voluntad, de nuestras intenciones o nuestras renuncias, en el lado oscuro de nuestra interioridad, sedimentándose en las paredes de la mente-página. Y de repente, cuando la obra está formada, aparece, y desaparece.


Aquiles Zambrano: «El estilo es la forma inevitable que adquiere un error cometido una y otra vez durante la escritura: el uso incorrecto de los dos puntos, por ejemplo. Tiene que ver un poco con eso que hacía Perec y el grupo Oulipo de crear a partir de una limitación: la limitación, la carencia de recursos o de facultades, es justamente la marca, el estigma que hace particular al texto. Estilo, estigma, ¿son palabras derivadas de la misma raíz? Puede ser, pero también puede ser que el estilo tenga que ver por otro lado con una cuestión metafísica: el estilo es el rastro del intento, siempre fallido, de nombrar lo innombrable. No se puede escribir voluntariamente con estilo porque en el fondo sólo tenemos al alcance una sola forma de escribir las cosas, la forma de nuestra limitación ante lo que nunca se podrá decir».

Es decir: trabajar las limitaciones propias hasta que se conviertan en estilo.


¿La imaginación es una sensación decadente, una reunión de espectros nacidos de las cosas que han sido apartadas de nuestra vista e intentamos recordar infructuosamente?


nuestro entonces será el olvido
ahora que todos los dedos del árbol
cascadas de misterio
cascadas de milagro
orquestan amorosamente la realidad
en una explosión de belleza


como esa escena en una película de terror cuando por fin el protagonista encuentra un refugio para esconderse y resulta ser una trampa
como acabar de entrar con muchísima prisa en el ascensor vacío de un edificio altísimo y ver que alguien dejó pulsados todos los botones
como verse obligado a leer al revés sin el auxilio de un espejo
como darse cuenta del mecanismo paradójico de todas las emociones


Roberto Bolaño: «Yo no sé cómo hay escritores que aún creen en la inmortalidad literaria. Entiendo que haya quienes crean en la inmortalidad del alma, incluso puedo entender a los que creen en el Paraíso y en el Infierno, y en esa estación intermedia y sobrecogedora que es el Purgatorio. Pero cuando escucho a un escritor hablar de la inmortalidad de determinadas obras literarias, me dan ganas de abofetearlo. No estoy hablando de pegarle, sino de darle una sola bofetada, y después probablemente abrazarlo y confortarlo […] Cuando digo darle una bofetada estoy más bien pensando en el carácter lenitivo de ciertas bofetadas. Como aquellas que en el cine se les da a los histéricos o a las histéricas para que reaccionen y dejen de gritar y salven su vida».


Sobre "Había una vez un tigre", de Pancho Massiani: un cuento dentro del cuento cuyos elementos cambian de lugar o se transforman a través del tiempo; una composición democrática donde las cosas están dadas de una manera en un principio, pero que ofrecen la posibilidad de cambiar de lugar y transformarse según cada lugar, lector o época.


"¿Valdrá la pena jugarse / la vida por una idea / que puede resultar falsa?", se pregunta Nicanor Parra. Lo que inevitablemente invita a pensar en el uso de las ficciones políticas: cuentos que quieren engatusar, que ofrecen soluciones y respuestas para todos los problemas; cuentos unívocos, simples, decididos, inalterables, que suprimen todo elemento contradictorio o confuso o ambiguo o titubeante, todo elemento perturbador o que despierte la risa; cuentos que no sólo se contentan con ser una verdad histórica y universal (lo único en lo que hay que creer) sino que pretenden ser el único mundo posible, la única idea ordenadora de la realidad; cuentos con pretensiones de verdad que quieren dominar todos los escenarios (sobre todo los escenarios diferentes), agrupar a los otros cuentos en un lugar siempre subordinado o directamente impensable; cuentos que detestan que cuentos extraños interfiera en sus planes; cuentos victoriosos y solemnes que quieren dominar y que declaran rebelde a quien se rehúsa a creerlos; cuentos a cuyas reglas todos deben ajustar sus vidas, lo quieran o no; cuentos hechos de doctrinas y promesas de felicidad futura para los que exigen de la gente un estado permanente de fe; cuentos contados y protagonizados por líderes que eligen y modelan los elementos de sus ficciones para que todo se acomode a su caprichosa voluntad, la cual acaba disfrazándose de la esencia de todas las cosas.


John Berger: «Propongo una conspiración de huérfanos. Intercambiamos guiños. Rechazamos las jerarquías. Damos por asegurado que el mundo es una mierda e intercambiamos historias sobre cómo logramos arreglárnosla pese a todo. Somos impertinentes. Más de la mitad de las estrellas del universo son huérfanas y no pertenecen a ninguna constelación. Y transmiten mucha más luz que las estrellas que forman parte de una constelación».


Han Kang: «Hacer preguntas, eso es para mí escribir. No escribo respuestas, simplemente me afano por redondear las preguntas, trato de permanecer mucho tiempo dentro de ellas. De rodillas, arrastrándome otras veces, espero llegar hasta el final, hasta el centro (aunque sea imposible)». 


Mircea Cărtărescu: «He amado la literatura como un vicio, pero no he creído sinceramente que ese fuera el camino. No me atrae la ficción, no ha sido el sueño de mi vida añadir unas cuantas puertas falsas a la pared de la literatura. He sido consciente de que el estilo (que es la mano de la literatura insertada en tu propia mano como en el interior de un guante), tan admirado por mis grandes escritores, no es sino rapto y posesión. Que la escritura devora tu vida y tu cerebro como la heroína. Que al final de una carrera no puedes sino constatar que no has dicho nada, con tu mente y tu boca, sobre ti, sobre los hechos menudos que han formado tu vida, sino sólo sobre una realidad ajena a ti, cuyas intenciones has seguido porque se te prometió la salvación, una salvación simbólica, bidimensional, que no significa nada. La literatura es, demasiadas veces, un eclipse de la mente y del cuerpo del que escribe».


escribir un fondo (dejarlo secar) / esbozar formas sobre ese fondo (no dejarlas secar) / trabajar por capas / sistematizar la duda hasta alcanzar el pálpito: ese estado de inestabilidad frente a la página / ese proceso de unión intuitiva de datos dispersos que van encajando / o no


surfear: esperar pacientemente la ola exacta (esa única ola que se dejará encaramar), y una vez alcanzada, mantenerse todo el tiempo posible dentro de la cresta antes de que se rompa para siempre


escribir = viajar: estar fuera de lugar / convertir una distancia en trayectoria de lectura


María Gainza: «Cuanto más tiempo dejo que la imagen gire dentro de mi cabeza, más ideas, más asociaciones, más memorias, se me ocurren. Soy una escritora muy lenta que escribe en la oscuridad. Muchas veces no tengo la menor idea hacia a dónde voy, no veo nada, pero sigo adelante y de repente, con suerte, la casa se me va amueblando».


No se le ocurre nada. Y los beneficios de esforzarse por crear un buen texto los siente abstractos e inciertos. Por supuesto que quiere escribir, pero hoy (precisamente hoy) preferiría no hacerlo. Y no quiere privarse de esa comodidad.


Un texto que haga que, en un punto de la lectura, uno deba apartar la mirada para reacomodarse en el mundo real, para regresar lentamente a uno mismo, reestablecerse.


Escribir: siluetear la existencia con la punta de los dedos. 


¿Los actos o las palabras?


escribir un texto para que sea celebrado, y posteriormente sea mitificado su autor/autora / o / escribir un texto para que contribuya a una discusión, para que ponga en cuestión un estado de cosas, y su autor/autora pase desapercibido, se mantenga fuera de lugar


Siempre intenta adaptar lo que dice a lo que cree que otros querrían escuchar, y otros intentan adaptar lo que él dice a lo que ellos querrían que dijera. Nadie dice lo que quiere y nadie escucha lo que no quiere. 


Carmen Martín Gaite: «no hay duda de que lo que no voy escribiendo, por escribir se queda. Me quiero engañar, pensando vagamente que cada visión y experiencia me enriquece, y así me van lloviendo encima los días, cada uno de los cuales arrastra con sus gotas las gotas del anterior, sin que me esfuerce por investigar en qué aljibe se recoge toda esa agua o qué tierra fertiliza».


¿La ficción crea una zona de posibilidades en la cual podemos imaginar cómo superar un problema real atribuyéndoselo a una persona imaginaria? 


La claridad no es un problema de estilo. Usar un lenguaje artificioso y presuntuoso no hará que el texto sea más literario. No oírse sino oír: lo más importante es alcanzar el tono de la voz del personaje que habla. Luego las palabras (sus palabras, no las nuestras) vendrán solas. Como sentir (escribiendo) que alguien te eligió para que dijeras lo que él o ella necesita decir. 


La idea es conectar con una escritura personal, aunque eso implique que sea híbrida, monstruosa. No preocuparse demasiado por los géneros literarios, por encajar en uno u otro, sino ocuparse en escuchar lo que uno quiere decir, si realmente tiene cosas para decir. Finalmente, la escritura sola tomará forma de poema, de cuento o de ensayo, tras ecualizarse. 


Escribir sobre no escribir es imposible porque ya estás escribiendo. La página en blanco no existe: está saturada de la potencia de lugares comunes persistentes, difíciles de evitar. Escribir no es sólo llenar la página con signos, es eliminar esos lugares comunes, hacer que coincidan cosas que nunca antes se iban a encontrar y produzcan asombro. 


Anne Carson: «Pero, como saben muy bien, el objeto primero de la filología / es reducir todo placer textual / a un accidente de la historia. / Y cualquier afirmación sobre lo que el poeta / quiso decir exactamente me incomoda. / Así pues, dejemos el interrogante donde está // al comienzo del poema». 


deja de quejarte
escribe lo que piensas
deja de creer
o no creer
y
responsabilízate


LLUVIA ARTIFICIAL / escribir es un acto irrelevante / la literatura está muerta / imágenes y sonidos satisfactorios / al alcance de la mano / sepultaron / todos esos laberintos verbales


desnudar el control de la velocidad de una historia: frase a frase (arranque, avances, pausas, retrocesos-adelantos, llegada), controlar las expectativas del lector, premeditándolas / un cuento es una criatura que se acelera y se acelera y se acelera... hasta que algo altera su continuidad, algo traba su repetición (Piglia)

sin final la experiencia no tiene sentido

el lector es el que convierte escenas complejas en datos simples: anticipando el final de la historia, que desconoce (curiosidad) / el escritor es el que convierte datos simples en escenas complejas: postergando el final de la historia, que conoce (manipulación)


las buenas razones para leer son evidentes, pero ¿hay buenas razones para escribir?

unos construyen maquinarias, diseñan edificios, curan enfermedades, hacen pan y plantan árboles / personas que amplían el mundo, lo convierten en un lugar más bello o más cómodo / los escritores, por el contrario, crean mundos nuevos: ese es el ¿exiguo? ¿modesto? ¿maravilloso? aporte que hacen al mundo real

un texto —un libro— forma parte del mundo (como un vaso o una rueda): entretiene, alegra o enseña / sin embargo, el carácter de producto del libro tiene importancia para las editoriales, para el mercado, incluso para el autor como sujeto económico / por mucho que a los lectores nos gusten los textos, tenemos que admitir que la literatura sigue sin tener un propósito claro o una función en el mecanismo del universo

la literatura está muy bien, dicen las personas que piensan exclusivamente en cosas importantes, pero sólo es socialmente relevante el texto en el que también se transmite una opinión política / ¿no es extraño? los escritores son unas criaturas que se mueven la mayoría de las veces a través de mundos ficticios y sin embargo se les invita a analizar el mundo real como si sus opiniones tuvieran mayor fundamento que las de cualquier otra persona que no pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en su cabeza

la literatura está ahí para formular buenas preguntas / no para dar respuestas

escritores y lectores no deberían buscar el aplauso o el escándalo sino el placer