creación literaria & soluciones textuales
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TALLER DE LECTURA

 

taller de lectura

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LEER COMO UNA FORMA DE CREACIÓN

¿Qué pasaría si un buen día el lector se cansara de consumir pasivamente literatura y, a partir de un texto ajeno, comenzara a crear sus propias formas? ¿Puede una lectora inspirarse en una obra para desarrollar un estilo personal de interpretación y convertir el análisis en una práctica creativa? ¿Puede la lectura llegar a ser una actividad artística? Y, sobre todo, ¿en qué puede convertirse un cuaderno de apuntes de lectura cuando deja de ser un simple registro de lo leído?

Este taller parte de una sospecha: la escritura deriva de la lectura. Todo escritor es, antes que nada, un lector, y toda escritura nace, de una manera u otra, de otras escrituras. Pero si escribir es siempre, en algún sentido, reescribir, también leer puede ser una forma de escritura: una manera de producir un texto nuevo a partir de otro sin necesidad de modificar una sola de sus palabras.

¿Qué significa, entonces, ser el autor de un texto que ya tiene un autor?

La respuesta que propone este taller pasa por devolverle al lector una centralidad que, sospechamos, ha perdido. Solemos pensar la literatura como una relación en la que el autor crea y el lector recibe; el primero produce la obra y el segundo la interpreta. Pero quizá esa división sea demasiado sencilla. Cada lectura activa produce algo que antes no existía: establece relaciones, descubre líneas de sentido, hace visibles detalles, construye asociaciones y organiza de una manera singular aquello que el texto contiene potencialmente.

El texto original permanece intacto. Pero después de una lectura verdaderamente activa, existe otro texto.

Es otro y es el mismo.

La paradoja de Pierre Menard —ese escritor que pretende volver a escribir Don Quijote sin cambiar una sola palabra del Quijote de Cervantes— nos sirve aquí como punto de partida para pensar la lectura como una forma de creación. Porque si dos textos verbalmente idénticos pueden ser radicalmente distintos en función de su autor, su época, su contexto y su lectura, entonces también una lectura puede producir una obra nueva sin alterar materialmente la obra que la provoca.

De ahí que el taller proponga formar lectores que escriben sus lecturas. No se trata simplemente de escribir sobre los libros, resumirlos o explicar lo que significan. Se trata de escribir a partir de ellos: hacer que la lectura desemboque en una nueva forma, en un nuevo recorrido, en una nueva constelación de sentidos.

Nunca ha habido un mejor momento para ser lector y, al mismo tiempo, quizá nunca haya sido tan difícil serlo. Vivimos rodeados de una abundancia casi inagotable de textos, pero disponemos de menos tiempo, menos concentración y más distracciones. Hay siempre algo más que leer, mirar o hacer: algo más urgente, más sencillo, más entretenido o aparentemente más importante.

Leer literatura —y mucho más aún, leer literariamente— exige hoy una forma particular de resistencia. No tanto porque leer sea difícil, sino porque lo difícil es encontrar y proteger el tiempo, la atención y la disposición necesarios para hacerlo.

Pero nada de esto cambia una certeza fundamental: todos somos lectores extraordinarios en potencia.

Este taller parte de esa posibilidad y propone llevarla hasta sus últimas consecuencias: conceder al lector un estatus creador comparable, aunque distinto, al del autor.

No porque el lector pueda sustituir al autor, ni porque todas las interpretaciones sean equivalentes, sino porque una obra literaria no agota sus posibilidades de existencia en el momento de ser escrita. Cada lector activo la actualiza de una manera particular. Hay aspectos, sentidos, relaciones y líneas de fuerza que no existen sino a través de esa lectura concreta.

Leer, así entendido, no consiste únicamente en recibir una obra. Consiste en hacerla aparecer de una determinada manera.

Por eso, inspirándonos en la célebre imagen de Proust, trataremos el texto literario como un instrumento óptico que alguien más nos ha proporcionado para permitirnos ver aquello que, sin ese texto, quizá no hubiéramos podido descubrir por nosotros mismos. Pero iremos un paso más allá: entenderemos también la obra como una máquina de incitaciones conceptuales, perceptivas y didácticas, capaz de desencadenar nuevas formas de pensamiento y de escritura.

El centro del taller será, por ello, un cuaderno. En él aprenderemos a sembrar y cosechar apuntes de lectura: reiterar, expandir, transformar, contradecir o distorsionar significados; establecer asociaciones inesperadas; poner a prueba nuestras intuiciones; cuestionar supersticiones literarias; cruzar textos, épocas y disciplinas; y leer transversalmente para descubrir qué hay delante, detrás y alrededor de las palabras.

Pero el cuaderno no será únicamente un lugar donde registrar la lectura. Será también el lugar donde la lectura se convierte en escritura.

Un laboratorio en el que el lector pueda escribir lo que un texto le hace pensar, pero también lo que el texto le permite imaginar; donde pueda seguir una palabra hasta lugares que el autor quizá nunca contempló; donde pueda hacer dialogar una obra con otra, con su propia experiencia o con su época; donde pueda producir, a partir de una lectura, un texto que no estaba allí y que, no obstante, no habría podido existir sin ella.

El cuaderno será, en este sentido, mucho más que un lugar donde anotar lo que un texto “quiere decir”. Será un laboratorio portátil de lectura y escritura, un espacio donde la interpretación pueda adquirir forma, voz, método e incluso estilo.

TEMAS

Su texto y mi cuaderno: instrucciones de uso.

De la lectura a la escritura: por qué la escritura deriva de la lectura.

El lector que escribe sus lecturas: leer como una forma de producción.

Escribir a partir de lo que se lee: toda escritura como una forma de reescritura.

El autor y el lector: de la creación y la recepción a la creación compartida.

¿Cómo puede alguien ser autor de un texto que ya tiene autor? La paradoja de escribir sin modificar.

Pierre Menard y la posibilidad de escribir lo mismo de otro modo: otro texto, el mismo texto.

El lector como creador: aquello que una lectura hace existir en una obra.

Las cuatro aproximaciones a la obra: formal-obra, expresiva-artista, mimética-mundo y lúdica-lector.

La poiesis y la aisthesis en la encrucijada: producir y percibir como operaciones de lectura.

La lectura como ejercicio de estilo: cómo desarrollar una manera propia de leer.

Yo soy el lugar donde el texto se encarna: experiencia, memoria, sensibilidad e interpretación.

Sus intenciones, nuestras referencias, mis significados: autor, tradición y lector.

La lectura como un pequeño tejido cicatricial: aquello que el texto deja en nosotros y aquello que nosotros dejamos en él.

Dos lenguajes, dos tramas: el lenguaje y la trama del texto frente al lenguaje y la trama del lector.

Lectores prosaicos, lectores poéticos y otros tipos de lectores.

Una obra ajena como espejo: vernos a nosotros mismos y ver nuestra época a través de textos distantes.

El cuaderno como obra: del apunte al texto, del comentario a la creación.

 

MECÁNICA DE TRABAJO

Todos los textos de trabajo serán proporcionados por El Pantógrafo.

El taller tendrá un formato individual y personalizado. Una vez por semana, el profesor se reunirá con cada participante mediante videollamada, en un día y horario previamente acordados. Cada sesión tendrá una duración aproximada de una hora.

Durante cada encuentro se combinarán tres dimensiones de trabajo:

Exposición teórico-práctica, para introducir conceptos, herramientas y modos de aproximación a la lectura.

Conversación sobre el cuaderno, a partir de los apuntes, asociaciones, preguntas y ejercicios desarrollados por el participante.

Práctica de lectura y escritura, mediante ejercicios de interacción entre lector y texto, lector y autor, o lector y otros lectores.

Los ejercicios partirán siempre de una lectura concreta y buscarán explorar qué puede producir un lector a partir de ella. Algunas veces se tratará de interpretar; otras, de asociar, comparar, continuar, desplazar, contradecir, imitar o reescribir. El objetivo no será transformar el texto original, sino hacer aparecer, a su alrededor y a través de él, algo que antes no existía.

El cuaderno será, por tanto, el principal espacio de experimentación del taller: no se buscará únicamente comprender mejor los textos, sino aprender a hacer algo con ellos y, a través de ellos, hacer algo nuevo.

Cada participante contará además con un espacio propio en la nube de la escuela, donde encontrará materiales complementarios y otros recursos de trabajo. Allí podrá subir versiones digitalizadas de su cuaderno, conservar sus ejercicios y, cuando corresponda, compartirlos y dialogar con los demás participantes del curso.

Más que enseñar a interpretar correctamente una obra, el taller propone aprender a construir una relación propia, rigurosa y creativa con aquello que leemos. Una relación en la que leer y escribir dejen de ser actividades separadas: porque leer puede ser ya una forma de escribir, y escribir puede ser la manera en que una lectura demuestra que ha sucedido.

El propósito último es sencillo y ambicioso a la vez: formar lectores capaces de crear las obras que leen una segunda vez, sin necesidad de cambiar una sola de sus palabras.

 
 

2026

DON QUIJOTE DE LA MANCHA · CIDE HAMETE & CERVANTES & MENARD & TRAPIELLO

SEPTIEMBRE · OCTUBRE · NOVIEMBRE

Leer, reescribir y atribuir: estrategias de lectura a partir del Quijote, Borges y Trapiello

La lectura de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, se vuelve especialmente interesante cuando se tiene en cuenta que la novela juega constantemente con la identidad de su autor. Cervantes aparece como autor de la obra, pero dentro de la ficción atribuye buena parte de la historia a Cide Hamete Benengeli, supuesto historiador árabe y verdadero autor de las aventuras de don Quijote. A este juego se suma un narrador que encuentra y hace traducir el manuscrito de Cide Hamete. De este modo, el lector nunca se encuentra simplemente ante una historia contada de manera directa, sino ante una cadena de autores, narradores, traductores y mediadores.

Esta complejidad permite extraer una primera estrategia de lectura: preguntarse siempre quién habla y desde qué lugar. El Quijote enseña que autor, narrador y personaje no son necesariamente la misma cosa. Además, la atribución de la historia a Cide Hamete introduce dudas sobre la verdad de lo narrado y convierte la lectura en un ejercicio crítico: el lector debe atender a las diferentes voces y comprender que toda historia puede estar mediada por una perspectiva.

Esta cuestión adquiere una nueva dimensión en Pierre Menard, autor del Quijote, de Jorge Luis Borges. Pierre Menard pretende escribir nuevamente el Quijote, no copiándolo, sino llegando por sus propios medios a producir un texto idéntico al de Cervantes. La paradoja consiste en que, aunque las palabras sean exactamente las mismas, el narrador considera que el texto de Menard tiene un significado diferente. Un pasaje escrito por Cervantes en el siglo XVII no se lee igual si se supone escrito por un autor francés del siglo XX.

Borges lleva así hasta el extremo el juego de autorías que ya estaba presente en Cervantes. Si en el Quijote la historia pasa de Cide Hamete al traductor y de este al narrador, en Borges la misma obra puede cambiar de significado simplemente porque cambia la identidad de quien la escribe. La estrategia de lectura que se desprende de ello es fundamental: el sentido de un texto depende no solo de sus palabras, sino también de su autor, su contexto histórico y las expectativas del lector.

Por su parte, la versión del Quijote realizada por Andrés Trapiello plantea otra forma de relación con la autoría y la lectura. Al trasladar el lenguaje cervantino a un español más próximo al actual, Trapiello no escribe una obra completamente nueva, pero tampoco reproduce sin cambios el texto original. Su intervención hace visible el papel del adaptador como mediador entre Cervantes y los lectores contemporáneos. Esto sugiere otra estrategia: leer comparando versiones y prestando atención a las transformaciones del lenguaje. Comparar permite descubrir qué elementos se consideran esenciales y cuáles pueden modificarse para facilitar la comprensión.

En conjunto, Cervantes, Borges y Trapiello muestran que leer un clásico es participar en una cadena de interpretaciones. Cide Hamete Benengeli cuestiona quién cuenta realmente la historia; Pierre Menard demuestra que las mismas palabras pueden significar cosas distintas según quién las escriba y cuándo; y Trapiello evidencia que una obra puede sobrevivir gracias a nuevas formas de transmisión. Una lectura interesante del Quijote, por tanto, consiste en no buscar únicamente «qué ocurre» en la historia, sino en preguntarse quién la cuenta, quién la escribe, quién la transforma y cómo cada una de esas intervenciones modifica nuestra manera de leerla.

PRECIO

80€/mes. Para los nuevos alumnos de El Pantógrafo la primera sesión del taller funciona como una clase de prueba, tras la cual podrán abonar la mensualidad sólo si deciden continuar con el curso.